EL ENCIERRO MÁS IMPORTANTE DEL SIGLO XX
1984 quizá sea un año de transición, del olvido, e incluso de evocación a aquel estallido de alegría que supuso albergar por primera vez en nuestro país el mundial de fútbol de 1982, por aquello de la proximidad temporal. Recordando en la hemeroteca ese año, no sólo se confirma ese vago recuerdo histórico, sino que deja como notas significativas los estrenos de “La historia interminable” en su adaptación cinematográfica..., La unión o U2 en discografía, y la llegada a Venus de dos sondas para su estudio...

Todo ello no hace más que confirmar que un domingo de ese año, poco
prolijo en hechos importantes, convirtiera a Ciudad Rodrigo, en su protegido,
y en su iluminado. Un domingo de ese 1984 la ribera del Águeda volvía a vibrar
con los cascos de caballos, bueyes y toros. Ese domingo gordo del carnaval
de 1984, se volvía a vivir en Miróbriga lo que era el encierro a caballo, el encierro
epicentro de la fiesta, el mayor espectáculo que se puede observar en la
so-campana civitatense.

Y aunque parezca mentira, Ciudad Rodrigo subsistió sin el encierro durante casi
dos décadas, y es que las remodelaciones urbanísticas del paseo de San Francisco,
y la poca plasticidad del encierro por la calle Santa Clara, desembocaron en la
transfiguración de las monturas por camiones y en la armonía rítmica de la caballería
en un destello de desencajonamiento.

Tras esas dos décadas marcadas por la necesidad imperiosa de revivir la tradición
llega a la “Antigua, noble y leal” un 1984 con sus hielos del gélido Enero, para
recuperar ese destello al alba que componía el encierro a caballo. Las tres “P”
(Pichoga, Panza y
Perita) despiertan del letargo invernal a una ciudad, que no hace otra cosa que celebrar
con júbilo, el regreso de encierro con mayúsculas, sin horario, y pausado.

Llego aquel domingo gordo, el día que cambió el devenir del Carnaval del Toro mirobrigense. Para la ocasión se confió en la familia de Emiliano, encerrador de época en la comarca mirobrigense, para que con su experiencia hiciera realidad el sueño de una ciudad.

Tres fueron las etapas de conducción de los toros, una primera en la que se movieron los bureles desde “El Villar de Flores” por el cordel de Extremadura, y donde los caballistas tomaron contacto con una manada uniforme y compacta que presagiaba un final feliz..., otra de transición, para finalizar la trashumancia en la dehesa de Casasola ,donde el epicentro del Carnaval mirobrigense permaneció ajeno a su relevancia histórica, y de donde partiría el citado domingo de carnaval, para comenzar a andarse la última etapa que ya duraba más de dos décadas. La caballería arranco con el mando de los bueyes para descender hasta un vado de las vacas completamente helado, en el que se reflejaba
una de las mejores instantáneas mirobrigenses, finalizando la  estampa en el alto de Valhondo, donde el susurro de la campano gorda avisaba de lo que ese día iba a suponer.

Los primeros momentos de tensión sucedieron en “La huerta de los Bibianos” con el primer núcleo de espantadores, que recibieron aquel encierro con mantas, latas y todos los elementos posibles para detener aquel encierro que no tenía otro fin que la plaza mayor de Ciudad Rodrigo. Superado el primer obstáculo, 6 caballistas fueron los que tomaron la iniciativa de proteger al ganado situándose por delante de la manada, para acceder con el mínimo riesgo a las Madroñeras donde les esperaba una multitud ansiosa de la estampa más representativa de la so-campana. Dentro de murallas la velocidad de toros y caballos disminuyó debido al esfuerzo realizado en la Av. Agustín de Foxá. Pero daba igual el rito se había cumplido, el éxito era total y Ciudad Rodrigo volvía recuperar un a tradición que no ha dejado de celebrarse hasta nuestros días.

Aquel domingo del Carnaval de 1984 el inmemorial encierro acaballo se había recuperado de forma increíble, había entrado con gran éxito y esfuerzo en los toriles del ayuntamiento. Lo que supuso el reencuentro con la tradición, y con nuestros ascendentes. Un reencuentro con la historia, que deja como herencia el premio del encierro más importante para Ciudad Rodrigo.

REPORTAJE DE IVAN RAMAJO COLABORADOR Y MIEMBRO DE LA WEB